lunes, 15 de julio de 2013

Nuestra lectura en el jardín

El día 10 regresamos al jardín de Jiwar, el lugar en el que se iniciaron nuestras lecturas. Allí nos recibió y ayudó en todo Mireia Estrada, directora de Jiwar  a la que desde aquí queremos agradecer públicamente su colaboración. 

Un poco antes de la lectura llegaron nuestros autores Laia Vilaseca y Francesc Oliva y a los pocos minutos empezó ya el acto propiamente dicho. 


De izquierda a derecha Rosa Mena, Francesc Oliva y Laia Vilaseca
Como los textos de Laia y Francesc tendréis la oportunidad de escucharlos en breve a través de nuestro canal de ivox y podréis ver cómo presentan sus obras a través de YouTube, os haremos aquí un pequeño resumen de cómo transcurrió el debate posterior a las lecturas. 

Una de las primeras cuestiones planteaba el trabajo de la estructura de la novela. Laia es la que cuenta con más experiencia y esa misma experiencia le ha llevado a valorar la necesidad de tener un armazón para La noia del vestit blau antes de ponerse a desarrollar la narración. Ese armazón o escaleta incorpora todas las escenas importantes y una vez marcado el camino es el momento de dejarse perder por las subtramas de la novela, de escribir sin saber qué nos vamos a encontrar en el camino pero con un rumbo fijo hasta el final, luego ya habrá tiempo de volver los pasos para acabar de perfilar las escenas.  A este método llegó tras el trabajo de una primera novela de aprendizaje a la cual se enfrentó sin esas herramientas de escritora.
De izquierda a derecha Rosa Mena, Francesc Oliva y Laia Vilaseca

Francesc desarrolla una interesante teoría sobre la estructura y sobre la diferencia entre novela y cuento. Éste último se asemeja a una perfecta estructura de relojería, pero sin el aliento largo de la novela, más propicio para el aprendizaje del escritor con necesidad de acumular experiencia y kilómetros de hojas garabateadas; al fin, a “escribir se aprende escribiendo” y eso es lo que lleva haciendo durante los últimos años con la novela en ciernes que nos leyó: Desayuno sobre la hierba. Al final de esta reflexión una confesión: si pudiera escribiría más llano, pero lo que le divierte es las tramas y subtramas, las frases subordinadas y las construcciones gramáticas arriesgadas. Eso no evita que cada vez que relea la obra utilice las tijeras para podar aquello que considera más superfluo, a la búsqueda de un estilo más austero. Laia lo corroboró: lo sencillo es bello y, aunque parezca menos elaborado, llegar a un estilo depurado es uno de los grandes esfuerzos de un escritor: que los diálogos suenen verídicos es uno de los retos de su escritura.




Otro asistente preguntó a nuestros escritores por el proceso de documentación a propósito de la ambientación de la novela de Francesc en la ciudad de Lisboa. Su Lisboa es fruto de sus viajes pero, sobre todo de su imaginación y es así que quién le dirige la pregunta se atreve a sugerirle algún detalle que debería incorporar sobre los sonidos del tranvía lisboeta…entre nuestros asistentes hay auténticos amantes de la veracidad :).

Una de las preguntas indagaba sobre el tono intimista de la novela de Laia , a pesar de ser una obra de género, y ella confesó que sí, que existe una complicidad de la autora con unos lugares y una época que conoce bien. Ese pequeño pueblo donde se produce la acción fue también el pueblo en el cual pasó sus vacaciones infantiles.

Otra de las cuestiones  de los asistentes tenía que ver con los personajes, ¿existen desde el principio o bien van apareciendo por el camino? Existen los principales, definidos desde el principio aunque la novela es un ente vivo que puede llevarlos por caminos muy diferentes de los que había previsto el autor. Existen los secundarios, el contrapeso de los principales y que aparecen y desaparecen según las necesidades de los autores.


Durante la lectura
¿Saben Laia y Francesc el final de sus novelas? Sí, evidentemente, aunque como es lógico no se les escapó ni una pequeña pista. Francesc nos confesó que necesita saber cómo acabará la historia, aunque ese final pueda cambiar conforme avanza la narración.  La novela de Laia es una novela de misterio, un género en el que el final es una de las grandes bazas para ganarse al lector. Su posicionamiento al respecto no es simplemente estético, sino también ético: necesita que, en un mundo como el nuestro, al final los buenos ganen y los malos pierdan…al menos en el papel escrito.

Se aprende a escribir escribiendo y sobre todo leyendo. Una de las curiosidades de los asistentes refirió a los modelos literarios de los dos autores. Francesc reconoció su predilección por autores como Juan Manuel de Prada, Pessoa o Saramago, aunque reconoce que las frases largas del autor, sin apenas signos de puntuación, le han jugado una mala pasada cuando ha intentado incorporarlas a su escritura. A Laia le han influenciado los clásicos del misterio, como Conan Doyle, pero también autores más directos como Sue Grafton.


El público escuchando a Francesc
Finalmente se estableció un debate sobre la utilidad de las escuelas de escritura. Laia, que estudió escritura creativa en UCLA (Los Ángeles, California), reconoció su utilidad, sobre todo a la hora de atreverse a compartir historias propias, un reto para personas introvertidas como ella. Pero la posibilidad de compartir lo que más te gusta con aquellos para los cuales la literatura es también lo más importante es un incentivo lo suficientemente potente para salvar cualquier reticencia. Desde Lectures al Jardí queremos aprovechar la oportunidad para felicitar a las escuelas de escritura por el magnífico trabajo que están desarrollando.

Unas primeras gotas de lluvia, que afortunadamente quedaron en nada, pusieron punto final al debate. Nos esperaban una botellas de cava para brindar con los amigos. 


Un momento para brindar después de la lectura y el debate
Gracias a todos los que nos habéis acompañado a lo largo de este año, sea a través de las redes sociales, nuestro blog o asistiendo a nuestras lecturas y talleres. Seguiremos en las redes hasta finales de julio, pero este es el último post de la temporada. 



¡Feliz verano!